Sobre mí

La diferencia debe estar en si pasar por la superficie o dejar huella. Un viaje a la profundidad del encuentro.

Describirme siempre ha sido la parte más difícil, porque me expongo, expongo mi vulnerabilidad y muestro. Y eso, a veces no es fácil. Aún así, hay tanto, que es imposible a través de una pantalla y en unas pocas palabras transmitirlo todo. Además siempre he sido de: “mejor mirémonos a los ojos y a ver lo que dicen ellos”, porque sí, porque la mirada es el lenguaje del alma. Cuando miras y te dejas mirar, ocurre la magia.

La antroposofía divide el desarrollo personal en ciclos de 7 años. 7 años que marcan la evolución de la conciencia de cada persona a lo largo de su vida.

Cada 7 años hay una completa regeneración celular. Cada 7 años todas tus células vuelven a ser nuevas. Se podría decir que cada 7 años vuelves a nacer…

Nazco un 15 de junio. Jueves. Géminis. Hermana mayor de dos. Recuerdo siempre haber sido una niña que se quedaba absorta leyendo libros que hablaban del espacio, universo y constelaciones. Ya me cuestionaba que habría más allá, aunque el pensarlo me generaba una sensación de vacío intenso. De la simbología y mitología de las diferentes culturas. Y con una pasión por el cuidado de la tierra y su flora y fauna. Amante de los animales, de la música, el arte y la creatividad, con una sensibilidad especial. Hacen sacar el amor que llevo dentro. Aunque muy condicionada por vergüenza y miedos. Y esto ha dirigido mi vida.

A los 7 años mis padres se separan y me encuentro en medio de un huracán emocional que no para de darme bandazos, cual pelota de tenis a cada lado de la pista. Huracán interminable, que va marcando la infancia y creando capas, capas y más capas. La inseguridad y los miedos crecen a pasos agigantados. Recuerdo a esa edad, preguntar por la muerte y el más allá. Aterrorizarme con el hecho de no saber que hay después.

A los 14 años en plena adolescencia e intentando sobrevivir en esta etapa, se produce un choque de egos y salgo de mi casa a vivir con mi padre. Pero al cuento no le llega su “final feliz”. Creo mi máscara y me victimizo a raíz de “mi historia personal”. Hago responsables 100% a mis padres de todo mi sufrimiento, les cargo inconscientemente con esa “culpa”. Y por eso, creo que ellos me deben otra vida. Otra historia. Estoy en una lucha continua contra ellos, generando mucho sufrimiento a ambas partes. Muy condicionada y reclamando atención a toda costa empiezo a tapar todo el dolor con fiesta, alcohol y drogas varias. A los 18 toco fondo, ni con papá ni con mamá. Aparece “un salvador” y huyo hacia la luz como una polilla.

A los 21 años tras una relación de pareja tortuosa de dependencia emocional, de necesidad y carencia, toco fondo otra vez. Aparece la ansiedad y depresión, medicación por allí y por allá para volver a tapar todo ese dolor acumulado, que ni sabía ya de dónde venía. Todo ese malestar y sufrimiento guardado durante tantos años. Decido salir corriendo. Huir de todo lo que ni si quiera sabía que sentía, de lo que ni siquiera sabía que había ahí, dentro de mí. Y de repente, otra salvación, Toledo aparece en mi camino. Y sin pensármelo demasiado allí aparezco para empezar.

9 meses que se convierten en 7 años y medio. Donde rehago mi vida. Donde empiezo de cero. Donde creo “una familia”. Donde rio, rio mucho. Donde lloro, lloro mucho. Donde vivo. Donde doy todo lo que soy. Donde dejo mi esencia. Donde cierro otro ciclo. Quemo otra etapa. Donde llegué siendo niña y me voy siendo mujer. Donde dejo corazones, muchos, quizá demasiados. Y entre otros, el mío, que siempre seguirá allí.

A los 28 años y después de que uno de los cuentos de hadas se rompiera un par de años antes, empiezo a despertar. Comienza una sutil búsqueda. Viajo al sudeste asiático con mi familia. Y algo cambia dentro de mí. Mi cuerpo se revuelve y se activa. Pide cambio. Emprendo un proyecto personal en las redes sociales relacionado con mi trabajo. El cual hace exponerme, mostrarme tal y como soy, mi parte más vulnerable, hace quitarme muchos miedos al rechazo.

Casi entrando en los 29 conozco a LA PERSONA. La que hace cuestionarme y me impulsa a TODO. La que en menos tiempo más ha conocido de mí y más ha sacado de mi. La que más me ha dejado Ser. La que más luz y magia ha visto en ese Ser. La que me recuerda todo lo bonito que hay ahí dentro escondido. La que más ha evolucionado conmigo. La más real…Aunque tras varios tropezones y un par de ostias contra la pared, DESPIERTO.

Tanto patrón repetitivo en mis relaciones de pareja hace preguntarme si realmente “el problema” está dentro y no fuera como pensaba. Se acaba el victimismo. La culpabilidad. Comienza la responsabilidad. Empiezo a preguntarme cual es mi manera de relacionarme con los demás. Desde donde nacen tus relaciones. ¿Carencia, necesidad, miedo o amor?

Tras varias situaciones que me devuelven a la realidad de la vida y no a la de mis expectativas, algo hace clic. Como tú te tratas, te tratan. Así que, si yo no me elijo, nunca me elegirán. Y comienza la búsqueda, la búsqueda insaciable, del origen, de la herida primaria, de todo ese sufrimiento y malestar a lo largo de toda una vida. Y encuentro. Empiezo a responsabilizarme de todo lo que ocurre dentro y por tanto, fuera de mí. TODO está en mi mano.

Empieza el verdadero viaje. El viaje de vuelta a casa. A mi. El viaje de la conciencia. El de autoconocimiento, de descubrimientos, de quitarse capas, condicionamientos, miedos, creencias limitantes y más capas. El de enfrentar situaciones, superarse y dejarse sentir todo. El de crecer. Crecer desde dentro. El de aceptar, aceptar la realidad, aceptar los procesos de la vida, aunque no sean los que quieres para ti. El de perdonar y perdonarte a ti misma por haberte abandonado durante tantos años, por haberte dejado en un segundo lugar, a la sombra. El de confiar, confiar en ti misma, confiar en toda tu magia y confiar en la vida. Y sobre todo, el más importante, el de AMAR, amarte a ti misma en toda tu oscuridad y toda tu luz. En todos tus días y estados emocionales. Tal y como eres y sin filtros. El de amar al otro, en la misma situación que tú. El de amar la vida tal y como es. Empieza el verdadero viaje, de cómo pasar del miedo (ego) al amor (esencia).

El 15 de junio de 2019, a mis 30 años, vuelve a nacer un nuevo Ser. A expensas de ser lo que debería ser, decido parar mi vida y continuar ese viaje. Viajando.

Porque debe haber otra forma de vivir.

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