Septiembre

Septiembre, para mí, siempre ha significado nuevo comienzo, de proyectos, cursos, trabajo, nuevos retos…nada de Enero. Septiembre. Y aquí y ahora, Septiembre. Nuevo proyecto. Tú. De nuevo. Mes de cerrar y empezar.

De nuevo, contigo.

Algo me decía que debía soltar, cerrar y liberarme del dolor. Mi mente lo sabía, pero mi corazón no estaba preparado todavía. La decisión estaba tomada, solo era cuestión de prepararse.

Tardas solo un segundo en tomar una decisión. El resto del tiempo solo te preparas para ese segundo que cambiará el resto de tu vida.

Al salir de Tailandia, no sabía muy bien dónde dirigirme si Laos o Camboya, aunque el movimiento, la escucha o intuición, llámalo como quieras, me decía que me dirigiera hacia la Joya del Sudeste Asiático, Camboya. Además, de la solicitud de Workaway en Laos no obtuve respuesta, así que, sin forzar, me iba dirigiendo donde la vida -el viaje- me iba llevando.

Cambio. Cambio de país. De cultura. De costumbres. De sensaciones. De emociones. Todo cambio conlleva a aprender a adaptarse, rápido, siempre.

Camboya es un país que encuentra tu fondo. Si lo vives desde dentro observas dos Camboyas muy diferentes, y la real te lleva a la tristeza que representa su todo, pero en realidad, solo refleja lo que tú cargas. 

Pobreza. Caos. Desorden. Sucio. Gris. Llueve. Cada día y con ganas. El cielo está triste y suelta lo que llevas dentro. Ahora toca dolor. Me lo permito. Sin fingir. Sin querer tapar el vacío. Solo sintiendo como llega y como se va. Cerrar un ciclo para entrar en otro. De aprendizaje.   

Esa tristeza te invade, con una energía tan fuerte que se respira dolor. Te hace sacar lo que hay dentro, te conecta con lo que llevas en ese momento. Tristeza, dolor, rabia. Y te arrebata. Como una ola en la orilla que no te esperas. Así que, si quieres seguir nadando, o te dejas llevar dentro de ella sin luchar demasiado para no ahogarte, o te arrastra y a patadas te echa a la tierra.

Aunque en esa Camboya también encuentras alegría, libertad, sonrisas y miradas vívidas, juego y felicidad en sus habitantes más pequeños.

Y en ti.

Con cada país conectaba de una forma distinta, iba sintiendo lo que me transmitiría, emocionalmente hablando, casi premonitoriamente.

Señales, sueños, simbolismo.

Aquí no dejan de aparecer niños. ¿Será mi tiempo de conexión con ellos? De conexión con esa parte que perdí hace mucho y nunca más volvió a aparecer, mi niña interior. ¿Será que me pide que la atienda de una vez?Darme a esos niños, creía que mi tiempo aquí iba a ser rodeada de ellos, quizá porque manifiestan la pureza en su estado más limpio, son el amor, la naturalidad, la inocencia, la vulnerabilidad.

Al fin y al cabo son eso en lo que también me estaba reflejando, eso que llevaba por dentro, que estaba deseoso por salir, pero no me había permitido sacar nunca. Amor. Por y para mí. Por sanar lo que hay, por permitirme sentir todo, sin tapar nada, sintiendo el vacío y el dolor. Sin resistencia.

Y Amarme en ese vacío.

El estado de tu respiración refleja el estado de tu mente.

Por primera vez en tiempo, desde que medito, en mi respiración no hay resistencia, no hay bloqueo. Porque en mi mente ya no la hay. Se ha rendido a la vida, se ha rendido de verdad. Antes solo lo entendía mi mente. Ahora lo ha entendido mi cuerpo y mi corazón. Ya no hay peso encima. Ya no hay peso de querer hacer las cosas a tu manera, luchando contra lo que la vida está poniéndote delante.

Cuando tu mente entiende, cuando tu corazón está preparado y tu alma lo comprende, llega la liberación.

Y el Soltar se da por si solo.

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