¿Es el amor el reto de nuestros tiempos?

¿Cómo una decisión que te produce dolor puede ser tan liberadora a la vez?-me pregunto a misma al día siguiente-. Donde se ha intentado todo y no ha funcionado, solo queda soltar y dar las gracias.

Uno de los momentos más dolorosos de este viaje, fue despedirme de J en el aeropuerto, no sabía cuándo volvería a verle o si lo volvería a hacer. Y despedirme de nuevo en la distancia, lo era incluso más.

Tras un mes de taparse los ojos con las manos para evitar ver la realidad, de no querer escuchar lo que te dice la vida, finalmente te rindes. Tu cuerpo se agota de sostener eso y lo suelta, por más doloroso que sea ese soltar, por más que tu corazón no quiera, te lo pide. Te lo pide, porque lo necesita, necesita liberar ese dolor, transcender ese dolor. Transformarlo en amor.

Amor por ti, por todo.

Toda experiencia que conlleva enfrentarse a algo que nos da miedo, siempre es profundamente transformadora.

Y es que, hay momentos en los que la vida te da la oportunidad más difícil. Elegir. Siempre estamos eligiendo. Al final la vida se trata de eso. Y según las elecciones que hagas, estas, guiarán tu camino.

Y ahora, te da a elegir entre el compañero o el acompañarte. Entre la conexión profunda, el amor presente, consciente y real, o entre otro tipo de amor, algo desconocido, nunca lo habías experimentado, hasta ahora. Con cierta incertidumbre por lo que será y a veces, con dolor en cada encuentro.

Este, trata de acoger todas las partes de ti. Y muchas, duelen. Abrazar todas tus emociones. Permitirte sentir sin juicio. Permitirte sentir emociones negativas también. Empezar a poner amor donde antes solo había miedo. Escuchar tu intuición, que existe, al fondo, arriba a la derecha. Entre el fondo de tu estómago y el de tu corazón.

Ahí, donde reside tu alma. Y ella, siempre sabe.

Amor propio le llaman. Pero porque vas tú. Porque por encima de todo, ahora, te toca a ti. Aunque tengas mil ganas de coger el camino fácil, de tirar la toalla y volver. Pero luego, recuerdas el porqué estás aquí y no es por otra cosa que por lo mismo que te resistes a sentir. A ti misma. De eso de lo que quieres volver a huir, del entrar a sentir, es por lo que estás aquí.

Así que no, aún no. Aún no te vas. Te toca dejar de huir de ti misma, enfrentarte a todos esos monstruos de frente y a la cara y decirles, “eh, aquí estoy”. Y hoy, me quedo.

El vacío. El de verdad. El dolor. El intenso. El que te parte. Dejar de llenarlo con otra cosa que no sea tu amor.

Quitarte la tirita de golpe. Duele intensamente pero solo es una vez. Una tirita a medias puede estar doliendo toda una vida.

Atravesar todo ese huracán de dolor para salir transformada.

Porque te mereces a alguien que aún con sus monstruos, acoja los tuyos y los saque a bailar. A pesar del pasado, a pesar de los años, a pesar de los daños.

Pero sabes, hasta que no apuestes por ti, 100%, dejando de huir de ti, abrazando todas tus partes, tus miedos, tu dolor. Cuidando de ellos y no dejándoles a un lado, sino llevándoles de la mano. A partir de ahí, habrá ese alguien para ti. Porque al final no dejamos de reflejarnos. Y eso es lo que proyectamos. Así como nos tratamos, nos van a tratar.

J solo es un reflejo de toda la relación conmigo misma y con él. Así que no puedo pretender cambiar nada externo a mi, sino EN mi.

Te lo vas a permitir, te vas a cuidar y te vas a abrazar como nunca nadie.

Como si nunca, como si nadie, como si nada.

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