5 días en un templo Budista

Y de repente, me encuentro en Pai, una aldea en medio de la nada, en las montañas del norte de Tailandia. Sitio tranquilo y solitario para descansar, perfecto, pero mi mente y mis miedos, funcionan de otra manera, la inseguridad intrínseca y el que no hubiera cerca una civilización cercana, me ponía en estado de “alerta” y estando sola, la cosa se incrementaba.

Un día antes de entrar al templo para el Vypassana, contacté con ella, una chica que vivía en Cataluña y estaba viajando sola como yo. Había encontrado, parecía, a alguien con quién desfogar mis miedos. Pero una vez más, la vida me decía, tú puedes hacerlo sola.

Acógete, abrázate y CONFIA.

Finalmente no nos vimos, el contacto se quedó en mi móvil y yo me olvidé. Y así hice, al día siguiente en la furgoneta de camino al templo, por la carretera del infierno de las mil curvas, no paraba de agradecer el hecho de que mi estómago siguiera entero. Y eso, eso ya fue una señal.

Al llegar a la entrada del camino hacia allí, se bajaba una chica joven, respiré y mi cuerpo vibró en agradecimiento. Para mí, todo eran señales de que todo estaba bien, de que estaba donde tenía que estar.

Un entorno encantador, estás perdido en la montaña a casi 200 km de la ciudad más cercana, así que para mí decidir ir y permanecer allí, significó mucho más que no solo todo lo que observé meditando.

Confianza y seguridad en mi misma.

Demostrarle al miedo que no, que no tiene razón. Ver como la película mental que te montas es totalmente diferente a la realidad. Venía la anticipación, pensando en qué era lo que me iba a encontrar, cómo iba a ser el sitio, en si iba a ser la única,etc. Mi mente ya divagaba yéndose a la “catástrofe”, pero me gustaba observar eso y darme cuenta de que cada día me la iba creyendeo menos. Cada día que pasaba era una demostración hacia mi misma de que mi mente estaba dejando de tener razón, así que pensé, porqué ahora tendría que ser diferente, y me relajé. Solo me causaba algo de incertidumbre, algo dentro de mi estaba cambiando.

Llegas por la mañana y te dan ropa blanca, como si estuvieras “enfermo”…BAM! primer bandazo al Ego. Unas setenta personas entre locales y extranjeros en una sala grande y abierta. Te sientas a meditar, hombres delante, mujeres detrás, segundo bandazo, cantando mantras en Thai. El eco de los cánticos resonaba en la sala haciendo que te metieras en la espiral de sonido.

El primer día, solo miraba y pensaba…¿dónde estoy? aún había mucho condicionamiento y ego que hacían que me resistiera al momento presente.

Al acabar, te guían a tu habitación y te dan una colchoneta de 5 cm de grosor y una esterilla larga de esparto. Una almohada y una manta. Me dije, bueno, esa es tu cama, cariño. Y en ese momento eché de menos la “dura” cama del anterior hostel.

Mi mantra en realidad no era otro que; “si estás aquí es por algo. Todo pasa”. Y así es.

Observación y control mental diario. Todo lo vivido te ayuda a experimentar con tu mente e ir dándote cuenta de que en realidad, todos los no podrías que tu mismo te dices, son mentira, Si que puedes…

Tras seis horas de meditación diarias, conversaciones conmigo al entrar en mí;

¿Porqué me resisto a mis pensamientos? observo pensamientos de inseguridad y eso me lleva a la emoción que más miedo me da sentir. Miedo.

Me resisto aún a entrar, traspasar el límite del cuerpo, en un momento de la meditación, ha llegado un huracán de vértigo por mi cabeza, vueltas, vueltas y más vueltas. ¡BAM! llega, curiosamente, el vértigo al miedo, a la sensación. Me resisto, abro los ojos, desaparece, los cierro y ahí está de nuevo, esperándome, asi que pienso que quizá está ahí para traspasarlo. Decido quedarme ahí, el tiempo que dure.

Y así, de repente, pasa.

Empiezo a entender en mi cuerpo, la frase: Esto también pasará.

La impermanencia.

Mi mente quiere encontrar algo con esto, aún no sabe qué, quizá no va a enconrar nada, ningún propósito.

¿Cómo sabe el monje que tiene que ser monje? Y me pregunto, cuál es mi fin aquí? Cual es mi propósito? Con qué estoy alineada? Según él, la paz llega cuando las preguntas se te acaban.

Observo resistencia. Me doy cuenta de que hay mucha lucha interna. Como si el estar aquí sirviera de justificación para encontrar mi propósito. Como si tuviera que justificar el hecho de estar aquí por haber escogido este camino.

Quizá este retiro no es para encontrar propósitos, sino para trascender miedos, para hacerme fuerte, para transformarme. Para traspasar límites del cuerpo y de la mente. Y observar. Para valorar sin juzgar, ser paciente y entender mi mente. Quizá ese sea el objetivo y no, encontrar algo…

El camino se irá abriendo igual que el viaje se va haciendo.

La tristeza me inunda en estos días y no quiero sentirla. De ella si que huyo. En el fondo he de soltar algo que anhelo. Me digo, para que forzar, si quizá suceda por si solo. Pero ahí la auto-exigencia venía a visitarme de nuevo. Esto debía hacerlo sola, pero todo a su debido tiempo, querida.

Mi mente está preparada para soltar a J, pero, ¿y mi corazón? Reconocer el miedo lo va haciendo mas pequeñito. Si. Tengo miedo a soltar y sentir el vacío. A equivocarme de camino. Pero siento que todo forma parte del mismo viaje. Ahora, este camino me toca recorrerlo a mi. Conmigo. No voy a la búsqueda de nada. Voy al encuentro conmigo y pensar en plural le quita fuerza a eso.

La verdadera transformación quizá sea entender la vida, entender que en realidad no debería haber lucha. Dejar de resistirse a ella. A lo que tiene preparado para ti. Aunque tu quieras otra cosa.

Cuando comprendes que la vida te manda exactamente las situaciones que necesitas experimentar para tu crecimiento y las aceptas, llega la liberación. Fluyes. Ya no hay lucha.

Te dejas de tanto hacer y más SER.

No cumplí los diez días, ni el silencio, no salí “iluminada” del retiro, pero Si más fuerte, capaz y segura de mi misma. En pleno proceso de transformación, como las mariposas que no dejaba de ver. De adaptación a la incertidumbre, de salir de la zona de confort todos los días.

Me plantee muchas veces cuál era el sentido del viaje, el objetivo, que iba a sacar de él, que esperaba de él, metiéndole/me presión y expectativa, metiéndole mente. Que si escribir, que si un blog, que si tips de viaje barato, que si, que si, que si…

Cuando al final me di cuenta de que eso era lo único que le quitaba sentido al viaje, el querer controlarlo y darle forma. Pero solo era el ego una vez más con su miedo a perder, de perder hasta la vida.

Así que, empecé a soltar eso y a dejar que el viaje me fuera haciendo a mi y no al revés.

Namasté

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