Instagram como herramienta de autoconocimiento

Seguimos poniendo el foco fuera cuando responsabilizamos a Instagram (IG) de lo que causa en nosotros, pero ¿es IG o somos nosotros? Más bien, el uso que hacemos de IG.

En el documental de “the social dilema”, me quedé con el entender mejor cómo funciona la mente en referencia a nuestras heridas, a la distorsión que genera. Porque si, nuestra mente está continuamente interpretando la realidad según el programa de creencias y heridas que llevamos de serie, y, en cierta manera, si no podemos ver esto desde fuera de la película, el problema es que, nos las creemos. Nos creemos lo que nos cuenta IG y, nuestra mente.

El botón me gusta se creó con la idea de fomentar el positivismo, la alegría y generar comunidad entre todos, pero, ¿qué pasa cuando me creo la película, cuando actúa la mente, la no consciencia? Que la distorsión aparece en forma de comparación, en forma de necesidad, en forma de validación e incluso en forma de autoestima. Todas a un nivel de carencia, ya que ese es mi programa de base. El inculcado.

Todos en cierta medida tenemos esa herida del no ser suficiente activa, y así vamos funcionando. IG solo muestra, como cualquier otro espejo, eso que llevas dentro, tu foco, tu visión, (es el uso que tú le das a un hecho neutro) es lo que genera esa distorsión y por tanto sufrimiento al no recibir lo que mi ego desea. Validación, reconocimiento, atención. Y es que el monstruo es incansable, nunca acaba, para él nunca nada va a ser suficiente válido, suficiente reconocido o suficiente atendido. Nunca va a ser suficientemente perfecto todo. Y es que así, una no puede vivir. AGOTA.

¿Quién ha dicho que tener más es mejor? ¿Más qué? ¿A caso importa lo que pasa detrás de una pantalla? La vida pasa delante, y no de la pantalla, si no de tus ojos y en tus manos. La vida pasa aquí y ahora, el resto, es un juego. Al igual que IG. Y puedes aprender a jugar para poder “ganar” o creerte que eres y estás dentro del juego y perderás. Paz, alegría, y en casos extremos hasta la vida, siendo la tasa de suicidios mayor desde la influencia de las redes sociales.

Así que, ¿Empezamos a cuestionar nuestro programa, y no de IG?

¿Desde dónde te mueves? Esa es otra de mis máximas premisas para ser honesta conmigo misma y, por tanto, ir alcanzando esa libertad.

Las redes sociales y en este caso Instagram para mí, se han convertido en otra herramienta para conocer exactamente eso, desde dónde me muevo. Ahora, solo lo quiero utilizar de manera profesional y/o para compartir mi experiencia, pero al final, no se puede separar lo profesional de lo personal, ya que lo primero se alimenta de lo segundo.

Me doy cuenta de que, como la mayoría seguramente, tapo mi dolor, mi agonía y mi aburrimiento con esta red social y a veces me engaño diciendo que estoy cogiendo ideas o leyendo cosas interesantes. Pero esas veces, si me observo cuando lo leo, los “deberías estar escribiendo esto” o “deberías dejar el móvil”, pasan por la cabeza como si fueran trenes de alta velocidad y algunas veces, me monto en ellos, me subo en ese viaje y la culpabilidad me invade, por, primero, estar invirtiendo el tiempo en IG y segundo, por el deber estar haciendo lo que veo. Escribir.

Esas emociones que no queremos escuchar o sentir, las tapamos, porque en ese momento no somos capaces de sostener o no creemos que somos capaces más bien, y lo tapo, pero no sirve de nada porque eso va a seguir estando ahí y se va a hacer más grande.

Cuando escribo a conciencia, a veces me cuestiono si el texto llega a buen puerto. Aunque últimamente, sé que llega a quién lo necesita. Así que dentro de ese momento, muchas otras veces, hay bloqueos. El bloqueo a veces es en forma de, tengo demasiadas letras e ideas en mi cabeza que no sé cómo plasmar en la escritura, otras en forma de preguntas más retóricas, del tipo a quién beneficia esto, y algunas pocas en modo crítica. Si, la mente siempre anda por ahí. Ante esa abrumadora sensación, una de las responsabilidades que pongo en IG es el hecho de que, cuando ese bloqueo llega, entro en el juego de redes-móvil.

Los bloqueos creativos, se los traga IG. Cuando escribo y me colapso, me cierro, y en vez de sostener esa incomodidad que estoy sintiendo, de observar lo que dice mi mente, e incluso cómo me trata ahí, como a veces es demasiado duro, ante eso, ¿qué hago? La mayoría de veces, me voy a las redes o al móvil. Tapo. Para ver si, un mensaje ha llegado o para ver con qué puedo evitar sentir dolor. Lo curioso de este patrón de comportamiento es que, ocurre todo lo contrario y no hay alivio al tapar, si no que aumenta el malestar. La auto-exigencia llega con el látigo. Es el lado negro del despertar. Porque soy consciente del patrón, del bloqueo y del tapón para el dolor. Y sigue doliendo. ¿Qué me sigue diciendo mi mente? Observo. En este caso hago responsable al móvil o IG, en otros momentos esos tapones, eran personas.

Poder observar estos patrones de comportamiento, poco a poco y con consciencia podemos ir transformándolos en algo más sano emocionalmente para mí mismo. solo observar, cuando puedo empezar a observar, cuando le puedo poner esa conciencia. Cada vez que yo voy observando a eso que va sucediendo puedo ir poniéndole conciencia, y se puede ir modificando prácticamente “solo”.

Mentira, se modifica con tu acción consciente de elegir, moverte desde el mismo patrón de comportamiento o elegir el probar, solo por ese momento, moverte desde otro lado. El cambio no viene a la fuerza. El cambio no sirve de nada si es a la fuerza, y no sirve de nada si yo ni si quiera sé que hay algo que debo cambiar. O si no sé, que es ese mismo comportamiento, lo que me está produciendo esa incomodidad.

Estar más o menos utilizando las redes de alguna manera, no es juzgable, solo es ponerle conciencia de, cómo las estoy utilizando, desde dónde me muevo cuando lo hago, y qué es lo que me está aportando en beneficio a mí misma y/o al otro.

Desde dónde me estoy moviendo significa, qué está llenando de mí, y hacia dónde está yendo esa publicación, es decir con qué fin, con qué energía. ¿Me muevo desde la herida de insuficiencia? ¿Me muevo con una energía de carencia? ¿De desear que lo vea y lo comparta todo mi feed? ¿Espero reconocimiento, validación? ¿Siento que “trabajo para el algoritmo”, o para los deberías? O simplemente, ¿comparto cuando así lo siento y me olvido del resultado? -Teniendo la certeza de que llegará a quién lo necesite-.

Cuando me muevo entre esas dos polaridades, una actitud me comprime y me resta energía emocional, ya que estoy pendiente de los “likes” o el “engagment” o cuándo es la mejor hora para publicar, y la otra, me abre, me expande, me libera, me abre a la confianza de que mi mensaje es poderoso y llega siempre a buen puerto. Si yo puedo observar que pensamientos automáticos hay detrás de este proceso, el trabajo de ir hacia dentro será poderoso. Mucha información recibida al respecto de mi misma y de empezar a saber desde dónde me muevo. Este conocimiento, te lo da el pensamiento automático tras cada acción. Siempre hay uno. La tarea, es saber pillarlo a tiempo.

La responsabilidad en su uso es fundamental. Cuando el ego sube un post, te viene de vuelta. IG el mayor escaparate de ventas, que comparte la vida perfecta e idealizada de todo el mundo y no creo que sea así.

Poder compartir todo tipo de emociones en las redes, le quitaría mucha presión al hecho de ver mucha perfección escondida de apariencia. Le quitaría mucha presión a la perfección. Y en el cómo nos vemos reflejado en eso. Muchas veces nos causa esa frustración, por compararnos al hecho de eso que estamos viendo. Cuando lo que estamos viendo en realidad, ni es tan perfecto, ni es tan real.

Cuando yo comparto algo, aparece la responsabilidad que yo tengo de cómo utilizo las redes sociales. El desde donde y para qué vuelven a salir en juego. Sobre todo, si siento que luego al consumir, -mirar diferentes cuentas- me está quitando energía o me está llevando a emociones más densas. Me lleva a momentos de frustración. Quizá el ego se empieza a comparar, y me lleva a la herida de la soledad o a la del perfeccionismo o la no suficiencia.

Así que, creo que el uso de las redes parte de esa responsabilidad personal de cada uno de saber desde donde y con qué fin, estoy compartiendo las cosas que comparto, más que nada para luego atender “las consecuencias” de lo que veo en mi feed cuál reflejo.

Otras veces lo utilizo para ver, qué es lo que me permito y qué es lo que aún me niego, divagando entre la envidia y la admiración. ¡Qué bonito espejo!

Me doy cuenta de que, la mayoría de cuentas nuevas que llegan a mi feed, forman todas, parte de mí, en algún nivel, todas tienen algo que yo tengo. ¡Claro que sí! si todos somos parte de lo mismo. Todos somos uno mismo.

Entonces, cuando me comparo, en realidad, si lo piensas es absurdo porque, te estás comparando contigo misma ¿no? pero porque no te permites vivirlo así, de esa manera, por eso te comparas, porque te juzgas, juzgas que eso que refleja en ti la otra persona está mal y no en la otra si no en ti, -no te lo permites- y entran los deberías ser, escribir, trasmitir, hacer, etc. dichosos, pero cuando te permites ser eso que ves, cuando lo haces, sea en el nivel que sea, solo hay un sentimiento de admiración por la persona que ves en tu feed, la llenas de elogios (que son para ti) y sientes que en eso que ves, te dejaras encontrar en algún momento de tu camino y proceso a ese nivel. Y ahí me sirve a mí, para ver en qué punto de permisión, estoy.

Cuando soy capaz de ver eso, algo se relaja. Dejo el competir para empezar a compartir. Y me empiezo a tomar los días y la vida, con más ligereza, con más libertad. Con la sensación y la certeza de que llega, todo llega.

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