¿Consciencia en palabras de inconsciencia?

Dentro de mi propio proceso de desarrollo personal y como consumidora de este tipo de contenido, y, dentro del proceso de emprendimiento consciente, me he ido encontrando en ambos procesos y observando en situaciones que quizá, ahora “critico” o más bien, pongo en duda, respecto a lo que veo, pero porque, una vez habiendo pasado por ahí, se, porque lo he experimentado, que no es el camino, para mí.

Sé que no hay nada rápido, ni soluciones inmediatas, ni si quiera nada que arreglar (como solemos creernos), sé que todo forma parte de un proceso y, aunque, mis propios descubrimientos acerca de mí misma, sienta que son “la bomba”, sé que, al fin y al cabo, son mis propios descubrimientos y que, cada uno, debe hacer los suyos. Que yo me “conformo” con servirte de inspiración para que encuentres tu manera, de vivir, de trabajar, de relacionarte y de Ser. Y con la inspiración me alineo.

Siento que para mí es importante dejar de funcionar en automático a la hora de, absolutamente todo, hasta para respirar, por eso, me cuestiono y pretendo que te cuestiones todas las formas habidas y por haber. Y que, entre medias, respires, con consciencia. Sintiéndola. Tu respiración. Tu cuerpo. Es lo único que tienes y te pertenece. El resto está de paso. Así que, aprendamos a disfrutarlo, a soltarlo y a, al fin y al cabo, aprender a jugar. La vida no es tan seria como nos pensamos. No. Debe ser más fácil que todo esto.

Para eso, para sentirme en línea con lo que hago y/o digo, yo he encontrado ciertas palabras mágicas, que rigen mi funcionamiento a día de hoy. Entre otras, los valores y la coherencia. Con la honestidad de por medias.

Sobre todo, porque, al estar en mi propio proceso de desarrollo personal y, ofrecértelo para que puedas nutrirte de él, no puedo transmitirte algo que, no haya vivido, experimentado y/o transitado. Estaría siendo deshonesta conmigo misma, ¿para conseguir qué?

Sé que la vida no se soluciona, solo se vive. Y yo, aunque con muchos campos abiertos a “resolver” intento hacer lo segundo. Aunque a veces, también me pierdo en “la vida solucionada”. ¡Qué le vamos a hacer, soy humana! Te animo a que lo pruebes, que vivas, este momento, que atiendas a tu momento presente, porque cuando así pasa, cuando vives, cuando dejas de resolver, cuando solo haces, eres…sientes que se ha abierto un espacio en ti, algo se relaja. Y de eso se trata de abrir espacios contigo mismo y con la vida. CONFÍA.

En mi caso no me sentía, ni me siento cómoda con ese tipo de venta, la solución rápida a todos tus problemas. Primero que, cuando estaba en el lado del consumidor, veía que, efectivamente había algo mucho más profundo que no solo se podía descubrir en 7, 30 o 60 días. A esa profundidad puedes llegar tanto como tu sientas. Tienes toda la vida para hacerlo.

Así que, aunque es un marketing facilón, con gancho y atractivo, siendo honesta conmigo misma y con lo que quiero transmitir y trabajar, no puedo ofrecerte algo para que lo resuelvas en ese período de tiempo, ahí es donde las palabras mágicas deben aparecen. En tu ¿para qué? En tu ¿Desde dónde me estoy moviendo? ¿Qué lugar de mi ser nutre esta acción o deja de hacerlo? ¿Estoy honrando esos valores que, a día de hoy, guían mis decisiones?

En piloto automático, estas preguntas no aparecen, ni te las cuestionas y es entonces cuando, todo vale, por hacer, por ganar, por tener. Pero no, no funciona así, al menos para mí.

Yo quiero un vínculo, una conexión, que haya una interacción para que surja la reacción, en ambos y, por tanto, el aprendizaje.

Así que no, no te puedo ofrecer las soluciones rápidas que en su día compré, porque ya no creo en ellas. Ni las quiero. Ese no es mi mensaje ni lo pretendo. Dejar de vender inconsciencia en palabras de consciencia. YO NO TENGO LA SOLUCIÓN, porque no hay nada que solucionar.

Solo te puedo ofrecer lo que tengo entre mis manos, mi propio proceso, aunque sigue siendo mío, así que solo te animo a que, lo utilices de inspiración para adentrarte en el tuyo propio y encontrar tu manera dentro de la manera.

A mí me costaba mucho vender, y ahora, tampoco creo que lo haga, simplemente transmito un mensaje, aunque detrás de lo que lees, hay una inversión, en este caso no hay una recompensa, pero este, también es “tu precio a pagar”. Ahora, yo he encontrado mi manera de seguir transmitiendo mi mensaje, en forma ya no de herramienta, si no de experiencia. Ahí, a día de hoy, me encuentro cómoda. Porque casa con todo lo que soy y quiero en este momento. Estoy en línea con lo que hago, pero hasta llegar a este punto han pasado 31 años, ni más ni menos 😉. Así que, quizá no, no hay algo rápido para redescubrirte, ¿no crees?

Detrás del nicho de mercado, embudo de ventas, la escala de valor, leads, leads magnets, y todos estos conceptos que se utilizan para marketing, para atracción de clientes y para “triunfar” en el mundo online y hacerte con el paraíso de la era digital, había malestar e incomodidad, seguramente por ciertas creencias propias al respecto del vender, pero además porque no conectaba con este tipo de venta o de marketing, pero porque en su día lo compré y, luego ni interactué, ni lo utilicé, y sobre todo, me frustré.

Sé que no es mi manera, porque lo he utilizado y no me he sentido cómoda, no me sentía que estuviera siendo honesta ni conmigo ni con mi valía, no sentía que en ese momento tuviera que ofrecerme a mí misma de manera gratuita, porque no, no hay un valor tras esa gratuidad. Pero si, detrás de esa gratuidad hay tiempo, esfuerzo, y amor invertidos. Y eso, va acorde con que creencias tienes al respecto de tu valía. Con qué límites -hacía ti y hacia el otro- y valores quieres trabajar.

Quizá así, a mi manera, llego a menos personas, pero quizá son los suficientes y necesarios para, a día de hoy sostener mi vida y, sobre todo, que lo que haga siga estando dentro de honrar esos valores.

Mis antiguas creencias estaban en, personas=dinero. Mis creencias actuales, transmitir-compartir-te y, el resto vendrá a consecuencia de estar en línea con tu ser.

El lenguaje, las palabras, llevan implícita una energía, el cómo las transmites, y por qué vía, también. Y, por tanto, eso que dices y el cómo, CREA una realidad. Según cómo creas que funciona la vida, así lo manifestarás en tu día a día. Y, ella (la vida) te irá trayendo las situaciones o personas necesarias para seguir justificando esa realidad, totalmente interpretada por cada uno de nosotros bajo nuestras circunstancias actuales y personales.

Ninguna realidad es más válida que la otra. Ni la tuya ni la mía. Solo hay que encontrar la manera de que se crucen y concuerden sin interferir “negativamente”, es decir que ambas necesidades vitales no entren en conflicto.

A partir de ahí, crear una realidad es tan simple como escoger las palabras adecuadas para hacerlo y, para vender y/u ofrecerte al mundo no iba a ser menos. Así que sí, las palabras utilizadas, para mí, son importantes y escogidas con consciencia a la hora de hablar, escribir y/o trabajar. O al menos, eso intento.

Revisar cuando una palabra no casa contigo, cuando no te sientes cómoda, ¿qué creencias hay detrás? Y también, ¿Qué es lo que no te estás permitiendo en el momento en el que estás?

En mi caso, la palabra vender no conecta, la palabra ayudar tampoco, porque, detrás del “te ayudo a cambiar tu vida”, veía que yo no había pedido un cambio como tal en el lado del consumidor, además de una conexión con cierta dependencia emocional, y, por el otro lado, no consideraba que fuera la persona quizá de guiar ese cambio.

Ahora, dentro de mi propio proceso de evolución, observo que, en parte, ese rechazo a esas palabras en particular, reflejaba mi propia negación a recibir ayuda, a dejar que me ayuden, porque la ayuda, en mi caso, la conecto con la solución y la solución no es ayuda, es, la solución.

Es lo que buscas, no es la herramienta para hacerlo por ti mismo. La ayuda, la conectaba al hecho de que te lo resolviera el otro. Y no es así. En parte por la influencia educativa, del no dejarte pensar por ti misma, y de fundirte el cerebro sin dejarte tiempo, ni espacio para que te lo estrujes lo suficiente y así encontrar tu propia solución, y entonces, solo pedir ideas y no “ayuda”, herramientas y no soluciones.

Ahora, tras mi propia evolución en este proceso de emprendimiento más consciente, me abro a recibir, y, me permito pedir otro tipo de ayuda, si así lo necesito, porque sé, que la unión hace la fuerza y aquí no hemos venido a compartir.

En mi caso, palabras que conectan conmigo suenan más a ofrecer, compartir, favorecer, resonar, compartir, inspirar… ¿Veis por dónde voy?

Encontrar tus palabras, en la manera de comunicarte es esencial. Las tienes que sentir en paz contigo y con el otro.

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