“El confinamiento” durante el confinamiento

¿Qué os ha venido a mostrar este confinamiento? ¿Qué emociones os ha dicho u os está diciendo que hay que liberar? ¿Con qué o quién os habéis encontrado de golpe? ¿Qué “falta de libertad” ha aumentado con el confinamiento?

O es que acaso pensamos que antes eramos libres, y que, ahora ya no por el simple hecho de estar encerrados en casa? Es que seguimos pensando que la verdadera libertad se encuentra ahí fuera? Cuanto tiempo más seguiremos dándole la espalda a eso que no queremos ver? Y por qué me duele tanto la espalda, me pregunto.

¿Estaremos conociendo cuál es nuestro confinamiento a través de este confinamiento?

Ansiedad, ¿qué es lo que me quieres mostrar?

Hablar conmigo misma del miedo, es algo que ahora me gusta, me gusta observar mi miedo con perspectiva, y ver cuando estoy tiranizada bajo “su poder”. Hoy por hoy, ya no le tengo miedo al miedo. A sentir, todo lo que te hace sentir. Que no significa que no haya, pero, hoy por hoy ya les puedo poner nombre y apellido sin que duelan tanto. Aunque durante mucho tiempo he estado en “ni atreverme” a nombrar lo innombrable por miedo a atraerlo, pero ¿y cómo vas a entender algo y a liberarte de ello, si no eres capaz de mirarle a la cara?

De esta manera, les doy un espacio a ellos para que se manifiesten y nos podamos comunicar entre nosotros, para ver que me vienen a contar. Pongo todos mis miedos en un papel, uno a uno, lista larga. Les hago un dibujo, les doy forma y pongo cara, veo cuál es real y cuál no. -Y ninguno lo es-. En ciertas ocasiones, veo cómo, cuando y porqué actúo desde el miedo. En otras tantas, que aun con miedo, doy el paso, siguiendo la verdad de mi corazón, aun a expensas de mis heridas.

Algo que llevo observando y aprendiendo un tiempo es, ver desde dónde me muevo cuando actúo, desde dónde estoy dejando de ser yo misma por miedo.

De esta forma, consigo, casi siempre, llevarles de la mano, para que me acompañen pero que no me paralicen. Poder ir decidiendo cada día, poco a poco, acción a acción, más desde la libertad y desde el ser un mismo -que no es otra cosa que ser lo que eres, pero sin miedos, sin máscaras-. Y parece hasta fácil.

Entendemos los miedos a través de nuestras heridas. Pero, y ¿de qué hablo cuando hablo de la herida? ¿Qué le marcó a ese niño pequeño? Quizá las heridas inombrables, al igual que esos miedos por si aparecen, por si al nombrarlas se hacen más grandes y las invocamos. No las invocamos, lo que pasa que, al igual que una herida infectada en la piel, cuando no se cura bien, acaba doliendo cada vez más a cada tirón de costra que arrancas, y con las del alma, pasa lo mismo.

Cada uno tiene la suya, y desde ahí nos vamos moviendo, relacionándonos unos con los otros de herida a herida, atrayendo a heridas similares a la nuestra o como la nuestra, sin darnos cuenta de que eso, es lo mejor que nos podría pasar, porque solo reflejará lo que llevas tanto tiempo sin desinfectar, dándote la oportunidad de aprender y sanar.

Somos como niños heridos en cuerpos de adultos, reclamando aún, eso que percibimos que no tuvimos de pequeños.

Pero no es hasta que reconoces tu herida, por tanto tus miedos, que empiezas, ya ni siquiera a conocerte si no a reconocerte de verdad, desde dentro y hacia dentro. ¿Qué heridas tengo? ¿Qué estoy haciendo con ellas? y lo mejor de todo, ¿qué puedo hacer con ellas?

Con cada miedo que nombras y que traes al presente, ves que solo es eso, miedo, y la herida se va cerrando un poquito más. Porque empiezas a curar Tú, tu propia herida. Porque empiezas a atenderla y aceptarla. Dejas de esperar que venga alguien con la gasa y el betadine a curarte esa rodilla magullada.

Responsabilizarte de tu herida, es un acto de rendición ante la vida, es dejar la lucha. Dejar la lucha contigo misma y con la vida. Es un acto desde el corazón y la compasión que eres, de comprensión de tu pasado. Y desde ahí, es un acto de perdón. Y de perdón contigo misma por, tampoco, saber hacerlo mejor. Ni antes, ni ahora. Dejas de pedir cuentas y vas recordando quién eres. Quién eres en esencia.

Vulnerabilidad, perdón, compasión, amor.

El confinamiento solo ha magnificado tu confinamiento mental, tu cárcel, para que pares, observes y rebusques bien, que hagas el trabajo, ese trabajo. Y te des cuenta de qué patrones hay que liberar y resolver o qué hay que potenciar y agradecer. Por eso, estamos donde estamos y con quien estamos. Solos, con pareja o en familia. Así que paro, y hago el trabajo, el de verdad.

A mi, me ha tocado vivirlo en presencia de mi misma, prácticamente en soledad, y a distancia de otro corazón en solitario. Con un proyecto entre manos tras volver de un viaje supuestamente re-conectante, pero que desde esa vuelta, la idea de tener un plan, un proyecto de vida, rondaba la cabeza de muchos, incluida también la mía, quizá para darle un sentido racional al volver, pero y mi ser…¿Él que quiere?

La vuelta con sabor a encuentro, al mio propio. Pero, y que paradoja la vida, que salí para encontrarme y no lo acabé haciendo hasta que volví, por y para reencontrarme. Teniendo desde entonces, los mayores aprendizajes y con una cosa clara; la dirección a tomar, siguiendo mi verdad para encontrarme con mis sueños.

Soñar alto y los pájaros en la cabeza, siempre me han caracterizado, ellos, que aterrizan solo de vez en cuando y despacito, prefieren volar libres por ahí arriba y así pasa, que yo voy, a mi ritmo. Y no, “al que debería”, ¿no?

Entonces ahora, mi cuerpo me dice Stop señorita, te has pasado. No me estás atendiendo como me merezco. Sigues ahí fuera. ¿Porqué querer cumplir expectativas, incluidas las mías? ¿porqué ser lo que debería ser? Lejos de victimizarme, expreso parte de lo que soy, mostrando más de mi que nunca, para liberarme e inspirar a la libertad ajena e ir al encuentro de la verdad. La tuya.

Sintiendo con mucha consciencia la herida de la insuficiencia, y distorsionando el abandono, que solo indica lo que haces contigo misma. Viéndome en esos ojos, a través de los míos, cuál espejo, porque también miro así. Y duele. Porque hasta que tú no sientas eso en ti, no podrás considerar lo de fuera suficiente, lo que hagas no será suficientemente perfecto y lo que haga el resto tampoco. Ni habrá suficiente amor para ti, ni suficiente dinero, ni suficiente tiempo, como siempre, todo es un reflejo de lo que llevamos dentro. Pero la buena noticia, es que el recurso, está en tí y en mí. Dentro.

Solo hay que recordarlo.

Recordar. Re cordis.

Volver a pasar por el corazón.

Al final que bueno es abrir la puerta “del darse cuenta” para entrar dentro, aunque, muchas veces, nos da pavor escuchar esa vocecita “que nos guía”.

Así que, así estoy, aprendiendo mucho a moverme desde mi Ser y haciendo las paces con mi Ego.

Perdonándome mucho y teniendo muchas conversaciones, sin juicios, conmigo misma.

Conversaciones al servicio de la vida…

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